miércoles, 11 de septiembre de 2013

9:44

Después de tanto tiempo sigo siendo rehén.

Rehén:
del vaso con el que chocaron tus labios,
del carmín que amaba al cristal entre risa y cintura,
de la llave que abría nuestra tumba,
y del cigarrillo después de las sábanas.

Una prisión que aún acecha a la carne que se insinúa,
que me parasita la mirada, que preda mi voluntad.

Mi único delito es
seguir alargando el velatorio de este recuerdo;
te lo prometo: mañana, sin falta, es el entierro.

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