Era un cigarrillo lleno de esperanza,
apuntaba al techo y lo sostenían
débilmente dos dedos finos
- alfileres de carne tierna -
de la mujer más bella del local.
Cigarrillo prudente y conservador,
se consumía poco a poco y a gusto
en la boca sincera y sin prisas
o recostado cómodamente
sobre su futuro lecho de muerte.
Liado con mano hábil y delicada,
caricia de lengua incluida
a su leve piel de papel de arroz.
Moribundo y consumiéndose,
en su última vida, poco más
que recuerdos de su infancia.
Era un cigarrillo lleno de esperanza.
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